E. KRAUS Y SU EXCURSIÓN AL COCUY DE 1938

EXCURSION AL NEVADO DEL COCUY por ERWIN KRAUS

Por fin encontré este año en el señor Lampl un compañero suficientemente entusiasta para acompañarme a la Sierra Nevada de Chita o Nevado del Cocuy, excursión planeada por mí hacía largo tiempo.

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En los primeros días de febrero, el mal tiempo nos hizo regresar de Soatá. Pero luego el capitán Klaus, piloto de la Scadta, tras consulta de los datos meteorológicos de Tame, El Morro y Bucaramanga, se decidió a ir con nosotros y la fecha de salida quedó fijada para el 4 de marzo de este año.

Hicimos una corta visita a la resplandeciente laguna de Tota, bajo un cielo purísimo y regresamos a Sogamoso, emprendimos marcha en automóvil a Soatá, atravesando el páramo solitario de Guantiva, cuya melancolía realza el murmullo lejano del Susacón. En Soatá nos alojamos en el flamante Hotel Ritz, para madrugar en busca de bestias que nos llevaran al pueblo de El Cocuy.

Laguna de Tota (Foto Kraus).

El apretado itinerario da una buena idea de la magnitud del ascenso: el cómodo viaje en auto terminó en Soata a 2050 m el 5 de Marzo. A continuacion, a pie y lomo de mula llegaron a Boavita (2120 m) el 6 de Marzo, y después de pasar por La Ubita (2460 m) cruzaron el Paramo El escobal (4100 m) en travesia hasta el camino que conecta el pueblo de Chita con el Cocuy (2750 m) donde llegaron el 7 de marzo. El 8 subieron a la Hacienda La Esperanza (3580 m), y alcanzaron el campamento (4200 m) el 9 de Marzo. Sin pausa alguna iniciaron la escalada al dia siguiente alcanzando por primera vez la cima del Pico Pulpito -actual Pan de Azúcar- a las 2:15 p.m. del 10 de Marzo de 1938.

Ruta aproximada de acercamiento (amarillo) y de salida (blanco) – Imagen adaptada de G. Earth.

Nos pusimos al habla con don Germán Rubiano, guardián de la cárcel, entre la algarabía de sus gallos finos, y con don Alfredo Rosas que pasaba coincidencialmente con tres mulas de carga. Y es bueno consignar estos datos, para mayor facilidad de los que por ahí se atrevan, así como el de los $ 26 que nos costó el flete de cinco bestias y el de que esos amables caballeros no dialogaron con nosotros la hora usual que esos arreglos demandan. Ese mismo día, a las 2:00 p.m., nos encaminamos para La Ubita, por el valle del río Chicamocha, entre el sauce largo, «salis humboldis», los platanales y cañaduzales de las vegas de las quebradas y los cactus gigantescos y pequeñas palmeras que puntúan la aridez general del paisaje. 

Cruzando el”punto más bajo del camino, el puente Próspero Pinzón, a los 1.460 metros de altura, empezamos a ascender por cuestas rojas desgarradas por las lluvias. Un sol tibio acariciaba el valle que nos conducía al pueblo de La Ubita. Llegamos a Boavita, cayendo la tarde; entre el verde claro de las plantaciones de caña de azúcar, que contrastaba con el sordo azul de las montañas aparecían los tejados de los trapiches y los ranchos. Un vaho de guarapo llenaba el aire tibio: era domingo, día de mercado y los campesinos aún demoraban por las calles del pueblo; pero nosotros seguimos hasta llegar, entradas las siete, a la pequeña y simpática posada que ostentaba el nombre de Hotel. A la urgencia de nuestros golpes salió una muchacha a decirnos que el cupo estaba lleno, y cuando ya resignados, partíamos, don Gabriel Villamarín, del Cocuy, nos ofreció galantemente compartir con nosotros su pieza. 

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