E. KRAUS Y SU EXCURSIÓN AL COCUY DE 1938

A las siete partimos, acompañados de don Rafael; no tardamos en pasar una cascada que forma el río Cóncavo al precipitarse desde el plan de Los Tobitos al valle de La Cueva. Siguiendo el cauce del río, llegamos a la planada, quizás el fondo de una antigua laguna glacial. Desde allí vimos las rocas de El Purgatorio, el Cincho de los Galanes y —por primera vez— el famoso Púlpito del Diablo, al que íbamos a arrebatar la virginidad de sus nieves. 

Pulpito del Diablo y Pan de Azucar desde el Valle de los Frailejones – 2012

La ruta de Kraus y sus compa♫eros corresponde aproximadamente al itinerario de los ascensos modernos a la laguna Grande de la Sierra, desde La Esperanza pasando junto a la Cascada del Cóncavo hasta el plan de Los Tobitos, -actual Valle de los Frailejones-. Aunque la mención del Pulpito del Diablo da lugar a cierta confusión, Kraus realmente hace referencia al glaciar del actual Pico Pan de Azúcar -llamado Púlpito en 1938-.

A las dos horas más de marcha llegamos al límite de la vegetación y, al pie de morrenas gigantescas y a orillas de un riachuelo, armamos tolda y recogimos leña y frailejón. Estábamos a una altura de 4.250 metros. Nos despedimos de don Rafael y de las bestias y partimos en dirección de los nevados a escudriñar la región y estudiar la mejor ruta de ascenso.

Campamento 4200 (Foto Kraus).

Erwin Kraus acostumbraba a instalar los campamentos en el área de transición entre el páramo y las morrenas con el fin de disponer de madera para hacer fuego -lo que prefería a los hornillos de combustible líquido- (1). Es prudente asumir que el primer campamento se ubicó en el área cercana al techo rocoso hoy conocido como La Cueva del Hombre.

Zona de transicion. Se indica la ubicacion de la Cueva del Hombre.

En la tarde del 9 de Marzo tienen el privilegio de ser testigos un espectáculo único: un extenso manto blanco desciende de los Cóncavos y el Portales y termina abruptamente en heladas paredes verticales sobre la laguna grande de la sierra, en la que bloques de hielo desprendidos, flotan a modo de modestos icebergs.

Nos sorprendió una serie de pequeñas lagunas al pie del hielo, dándonos la sensación del ártico en plena latitud tropical. Témpanos de hielo se mecían sobre el agua gris; otros se recostaban a la orilla; al fondo se levantaba una pared de cincuenta o sesenta metros, de hielo sólido, en cuyas aristas jugaba una gama de colores del azul ultramarino y el cobalto, el violeta y el verde al rosado y el púrpura, demostrando el espesor de la capa glacial. Largo rato quedamos contemplando esa tranquila belleza, coronada de blancas crestas, bajo el índigo del cielo, y no pudimos menos de confesar emoción, al regresar a la tolda.

Artico (Foto Lampl).

Aún queda algo de este espectáculo en el Cocuy. Saber más

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