HUMBERTO CAÑON: PROHIBIDO OLVIDAR

Que rápido pasa el tiempo. 

El vacío que dejó la partida de Humberto sigue igual o peor, porque hasta hoy nada ha ocurrido y como vaticiné hace 9 años, nada vá a ocurrir. Para la justicia colombiana este humilde hombre solo fue un insignificante campesino más, un ermitaño del páramo, una cifra. 

UN RINCON UNICO EN EL NEVADO DEL TOLIMA

Supe de Humberto Cañón por recomendación de Jairo Gaspar, viejo compañero de montaña quien había llegado por primera vez a su casa una fría noche de 1996. Jairo, que venía desde el caserío de Juntas le explicó que estaba allí porque quería conocer el nevado. 

Y naturalmente Humberto, un campesino del páramo que no sabía aún mucho de montañistas ni de turismo, no comió cuento. Con desconfianza le permitió quedarse, pero no allí, sino en a la orilla de la quebrada, a unos 100 m de su casa. 

Al día siguiente, luego del baño en la piscina termal, los recelos quedaron atrás y Jairo se despidió prometiendo volver, lo que cumpliría varias veces en los años siguientes.

MI PRIMER ENCUENTRO CON HUMBERTO

Su casa, casa de todos. (Foto El Autor)

La historia de este encuentro y de este curioso lugar de aguas calientes y su  solitario custodio fueron suficiente motivo para preparar mi viaje. 

Llegué a su casa una tarde cualquiera de ese mismo año. 

Poco después de asomar al alto que domina la planicie en la que estába su casa, noté una figura que asomaba de la habitación principal y se dirigía a un anexo, de donde una columna de humo empezó a elevarse hacia el cielo; con los años conocería el significado ese humo: sopa de col con papa y agua de panela con menta, la tradicional bienvenida para todo el que llegaba a su casa. Una cocina siempre tibia, refugio de muchas tertulias, de muchos sueños.

Nunca sabré el motivo, pero ese día Humberto no me envió a la quebrada. Esa noche, después de una animada y larga charla me invitó a acampar en el que se convertiría no solo en el campo base de mis ascensos al nororiente del nevado, si no en la casa de quien pronto llegaría a querer y a respetar como un amigo.

DUELEN LOS RECUERDOS

La noche previa a mi primer intento al Espolón del Placer en 2006 Humberto me advirtió que de no regresar en la tarde, partiría a bajarme de donde estuviera. Su expresión me convenció de que su intención era real. No sería la primera vez que rescataba de su montaña a algún asorochado o encontraba algún perdido. Pero esta vez sería más arriba y más difícil.

“Ya tengo los crampones” me dijo muy serio.

Pero no fue necesario. Regrese molido del espolón directo a su cocina. Humberto estaba preparado: de un oscuro rincón apareció quizá la cena más especial que alguna vez me ofreció: carne seca, trucha, arroz, queso campesino y una botella de vino. 

Brindamos por una escalada que para él también tenía valor y el vino se convirtió en aguardiente.

Al día siguiente desperté por los gritos de Humberto a eso de las 5 de la mañana.

“Hermano salga, salga rápido que está nevando…!”

Me costó salir del calor de mi sleeping a vivir uno de los momentos más significativos en mis correrías por el nevado del Tolima.

“El nevado está feliz por el espolón… si ve..?

Fue una de las nevadas más fuertes que recordaba Humberto y que no se repetiría hasta 10 años después. Ocasionalmente durante el verano las heladas congelaban el rocío sobre el suelo, pero aquello era diferente: una verdadera nevada a 3.800 m: estalactitas de hielo colgaban de las canales en las tejas de zinc del techo de la cocina; y las piscinas usualmente calientes incluso durante las heladas, estaban frías.

Observamos la nevada -agua de panela en mano- y visiblemente preocupado me habló de un reciente incendio causado por sus vecinos para abrir espacio al ganado. Le dolía ver su montaña arder, le dolía ver convertido el verde paramuno moteado por el negro de los frailejones carbonizados.

A mi regreso pasaría por el lugar de la quema y vería con tristeza como la nieve de aquella rara nevada formaba pequeños riachuelos negros y como pese al fuego algunos frailejones chamuscados aún se mantenían en pie, como seres de cuento de terror en los filos de la montaña.

HUMBERTO ERA MI AMIGO

El Recuerdo y el alma no mueren,

Lo fue desde ese primer día de 1996, lo fue durante eternas tertulias -cafe o aguardiente en mano- sobre todos los temas imaginables: la vida, el nevado, sus planes para el termal, la escalada y hasta  la situación mundial, de la que sorprendentemente siempre estaba informado. 

Lo fue en cada atención, en cada plato de sopa, en cada agua de panela que preparó y nos llevó con humildad hasta su artesanal jacuzzi. 

Lo fue, porque su casa nunca tuvo puertas, porque compartimos desde tardes simples recogiendo leña, limpiando las piscinas y viendo “El hombre nuclear” a blanco y negro en su pequeño televisor solar; hasta tardes técnicas discutiendo de rutas, glaciares, haciendo nudos y tejiendo sueños.

Fui amigo de Humberto, el ser humano y sensible -pese a su aparente rudeza- y también compartimos momentos bajos. 

LOS DIAS OSCUROS

Recuerdo con especial tristeza la trágica pérdida de nuestro amigo Jairo Triana. Humberto había bajado a Ibagué para asistir a una misa en honor a su madre y Jairo había subido a cuidar de su casa, en un gesto de amistad que se convertiría en una cita con su muerte a manos de un ejército que bajo un régimen que premiaba por cada “baja”, disparaba antes de preguntar.

Tiempo después, juntos recreamos la tragedia guiados por las marcas de las balas en el suelo donde hoy muchos caminantes que no conocen la historia, levantan sus carpas. 

Veo a Humberto en la puerta de su casa: en una mano un gastado cubre carpas y en la otra un guante y unas llaves. Las mira con intensidad, tratando de entender lo sucedido.

Pasan eternos segundos.

Esto es de Jairo, lo único que no se llevaron. Él me estaba reemplazando ese día…”

Su voz se quiebra, sigue el silencio. Se repone en un segundo.

-“Quiere otra aguapanelita manito?”

Sólo muere quien es olvidado…

EL FINAL

Recibí la noticia de su muerte mientras viajaba con el equipo del documental “La eEra del Deshielo” hacia la Cordillera Blanca del Perú. Había hablado con él  en el Hospital Federico Lleras de Ibagué después del primer atentado y ante su firme intención de regresar al termal, le expresé mi temor por su vida.

Adolorido en su camilla, solo sonrió. Le insistí en que se refugiara en Ibague por un tiempo, pero en mi interior sabía que aquello era perdido. Humberto pertenecía a su montaña.

No estuve en su funeral. Me tomó seis meses reunir el valor para regresar al termal. La tarde del 28 de agosto de 2011 llegué al alto alto que domina la planicie en la que estába su casa, pero nadie asomó de la habitacion. Nadie corrió a la cocina, ni la columna de humo se alzó al cielo.

Nueve años después, revivo lo que sentí ese día. Bajé hasta la casa a encontrarme con el significado de su muerte y la profunda herida que causaba su ausencia.  Ese día descubrí que la montaña había cambiado para siempre: no habrian mas tertulias, no mas risas, ni mas agua de panela. Nunca iríamos a “la Kraus” como alguna vez lo planeamos.

He pasado algunas veces más por allí. Visité en su momento a Andrés y a Claudia y tiempo después a Don Gerardo. Y descubrí que que no es importante quien esté allí. Ahuyentada la ira e instalada la aceptación, vi que su legado no está en esas piscinas allá en la montaña; si no en las personas que nos negamos a olvidar. 

No habrá otro Humberto, es verdad, pero al menos tuve -tuvimos muchos- la fortuna de conocerle.

Y estoy agradecido por ello.

CONSTRUYENDO EL RECUERDO ENTRE TODOS

La siguiente galeria contiene algunas imagenes adicionales relacionadas con Humberto y su termal.

Si le conociste y deseas incluir tus imagenes en ella, puedes enviarlas -con una corta descripción- a uno de los siguientes correos:

  • admin@rutadirecta.info
  • ing.henrygarcia@gmail.com

Naturalmente, los creditos seran reconocidos. Este será un homenaje colectivo a la memoria de Humberto que no se perderá facilmente, como ocurre con las imagenes que se comparten en las redes sociales.

VINCULOS RECOMENDADOS

Noticia del asesinato (Ecos del Combeima)
Semblanza de Humberto (Periferia Prensa
Homenaje (Fundacion Senderos y memoria)
Video: Humberto habla de conservación (Compañeros Montañeros, Fb)

AGRADECIMIENTOS

  • A Carolina Cruz Vallejo por su fotografia de Humberto, incluida en el collage del encabezado de este post.



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LA NOSTALGIA Y EL DESHIELO EN EL COCUY

Muchos sentimos nostalgia al observar las imagenes de pioneros de paredes de hielo de los glaciares de los picos Concavo y Portales en el mismo borde de la laguna Grande de la Sierra, en cuyas aguas flotaban modestos Icebergs, un espectaculo perdido en el tiempo, victima del calentamiento global.

Laguna Grande de la Sierra, 1938 (Foto: Kraus).

Pero aun queda algo en la sierra. A menor escala, pero suficiente para revivir con una pizca de imaginacion lo que solo los ojos de pioneros como Kraus y Cuenet tuvieron el privilegio de observar.

Lagunilla de deshielo, Cocuy (Foto: El Autor).

Oculta entre los recovecos orientales de la sierra, una pequeña laguna de deshielo hace preambulo al glaciar del pico cercano, de cuyas paredes de unos 20 m de altura, se desprenden de vez en cuando azules bloques de hielo, en un cuadro que inevitablemente nos transporta a los años 30.

Lagunilla de deshielo, Cocuy (Foto: El Autor).

Encontre este lugar mientras con mi cordada buscabamos una entrada practicable al glaciar de aquel pico, que deseabamos escalar. Su ubicacion es remota, alejada de las rutas normales del Cocuy y sin camino de acceso.

Lagunilla de deshielo, Cocuy (Foto: El Autor).

Debido a que esta inmersa en un entorno pristino y libre de intervencion, seria irresponsable indicar su ubicacion exacta, que queda reservada a quienes intenten ascender el pico -por ende montañistas- y que seguro se toparan con ella en el camino.

Lagunilla de deshielo, Cocuy (Foto: El Autor).




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